No hay una plantilla de sesión que se aplique igual a todo. Si el tema pide piano vertical y batería acústica en toma viva, se arma así. Si conviene grabar por capas para ganar precisión, también. La estructura se decide escuchando, no antes.
Piano vertical, batería acústica, preamplificadores de válvulas y monitoreo cercano. Son las herramientas concretas con las que se trabaja en Av. Corrientes 1234, Piso 8, C1043, Buenos Aires. Nada de equipo decorativo: cada pieza tiene un uso dentro de la sesión.
Cuerdas y vientos entran cuando la canción los pide. Antes de escribir una línea, se revisa qué espacio queda libre en el arreglo y qué instrumento ya está cubriendo esa función. La idea es que el agregado tenga sentido, no que llene.
El trabajo de mezcla parte de lo grabado y de lo acordado con el artista. La masterización cierra el proceso cuidando dinámica y coherencia entre temas. No se prometen resultados mágicos: se ajusta lo que el material permite.
Quien graba desde otra ciudad envía sus pistas multipista y recibe devoluciones por etapas. El intercambio de archivos ordena el ritmo del trabajo, pero la lógica es la misma: escuchar, priorizar y proponer antes de tocar un fader.
Si tenés maquetas dando vueltas y querés escucharlas terminadas, la puerta de entrada es una escucha inicial. Ahí se ordenan prioridades y se ve qué conviene hacer con el material. Después se decide si hay sesión, en qué formato y con qué alcance.